El teatro de los aparecidos

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miércoles, 29 de agosto de 2012

El demonio de los ojos celestes.

Ella corría a los brazos de la muerte y yo corría tras de ella para salvarla de la dama de blanco manto. Vi como dos carros se acercaban a ella y mi cara se contrajo en una mueca de horror. El viento era frió y yo corría a mas no poder pero los carros eran mas veloces y ella había tomado gran ventaja. La colisión estaba casi asegurada. Tape mi rostro con mis manos sin saber que hacer, me parare en seco esperando un fuerte BOM y después un SCRACH. El conductor del primer auto había visto todo el acto y paro antes de chocar la el segundo al ver que ella pasaba a su lado se fue hacia la derecha sin mas interés. Ella corrió otras dos casas y se paro y yo solo pude gritar ese asqueroso apodo que le había puesto después de un par de semanas de tenerla conviviendo conmigo-Al haber usado su nombre antes ella no se había ni inmutado- ahora usaba mi ultima arma para conseguir que regresara a mis brazos. Escucho el sobrenombre y corrió a mi, yo por mi parte corrí hacia ella y en cuestión de minutos ya estábamos juntas, la cargue en mis brazos aun sobresaltada por todos los acontecimientos, la mire con el en ceño fruncido con un poco de reproche y mucho alivio. La cargue hasta regresar a casa, al abrir la puerta aun encajada con mi cuerpo le dije "te amo" con un sonido solo audible para ella. Me miro con sus ojos despiertos y chispeantes no hubo palabra alguna que pronunciara ni si quiera un chillido. Desde entonces la amo mas que a ninguna otra, escribo poemas sobre su hermoso cabello, su cuerpo vibrante y su sonrisa pegada con cola industrial.

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